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domingo, 18 de junio de 2017

"Hagamos que el Tiempo arda" by Manuel J. Iniesta

"Hagamos que el Tiempo arda" by Manuel J. Iniesta

La luna iluminaba nuestros rostros, que eran encumbrados en detrimento de las demás personas de la plaza, nuestras miradas se cruzaron y el tiempo aceleró hasta tal punto que sentí un vuelco en mi estómago. Nunca había oido hablar del tiempo a cámara rápida, siempre me habían contado que cuando te enamorabas todo iba a cámara lenta; pero era lógico, no sentía amor, sino fuego, deseo.

Una sonrisa complice nos condujo a un acercamiento, sin premeditación y concepto de tiempo me encontraba ahí delante de él, mirándonos, barbilla con barbilla.

Mi boca se abrió para decir le algo, pero el mismo sonido me había abandonado. Esto causó en él una sonrisa picara, casi lasciva. En ese momento colocó su dedo indice en mis labios y después los suyos en el lado opuesto de su dedo, siendo este la única barrera entre nosotros. Notaba arder todo mi ser con una extraña concentración en mi entrepierna. Al notar el bulto en mi pantalón volvió a sonreír, cada sonrisa aceleraba mas el tiempo.

Cuando retiró el dedo para que nuestros labios por fin entraran  en contacto se alejó de mi con un paso atrás. Mis facciones se helaron y agarré fuertemente su brazo acercándolo a mí, haciendo que nos fusionáremos en un beso que convirtió la plaza en un vórtice de tiempo y espacio.
En ese momento sus labios cambiaron su dirección desplazándose hasta mi oido, para pronunciar una frase, la única que nos dirigimos en toda la noche.
-Hagamos que el tiempo arda…

Embriagado de deseo me llevo a su piso. Se mostró impasible durante todo el camino, pero justo en la puerta de su apartamento se giró, me miró y me besó con tal fuerza que pensaba que mi cabeza no lo soportaría. Casi sin poder asimilarlo, agarró mi camiseta y me invitó a pasar dentro.
Se quito la camiseta, nunca había visto un cuerpo tan perfecto, casi imitaba el mármol de las estatuas griegas. Me rendí al deseo y bajé sus pantalones y su ropa interior e introduje su perfecto pene en mi boca. Fue un acto desprovisto de amor, solo la lujuria y el deseo tenían cabida en esa habitación. Notaba su pulso acelerándose y eso aumentaba mas mi excitación. su mano en mi pelo, agarrándolo fuertemente, indicaba como la temperatura se volvía de color roja.
Casi sin esfuerzo me lanzó a la cama y se abalanzó sobre mí, me desnudo y recorrió con su lengua mi cuerpo, desde el cuello hasta la pelvis, haciéndome estremecer como si un rayo me partiera en dos. Agarró mi pene con su mano y se acercó a ella para besarla, para acabar introduciéndola en su boca. Tuve que contenerme para no correrme en ese mismo instante.
Era como si algo ardiera dentro de mi, agarré su cabeza para que su boca abarcara todo mi pene en ella. Era éxtasis puro, sin adulterar.

Supo exactamente cuando parar. Agarró mi cintura y me giró para colocarme hacia abajo y sin soltar mi cintura la elevó y acercó mi trasero hacia él, en una postura totalmente dominada.
Solo pensaba que por favor me taladrara allí mismo, estaba en un sueño del que no quería despertar y casi parando todos mis pensamientos de golpe me empaló con su enorme, precioso y vigoroso pene, haciéndome gemir de placer una y otra vez.

Notaba tal grado de excitación que empecé a masturbarme mientras me penetraba. Sentía sus manos agarrando fuertemente mi cintura del mismo modo que yo agarraba las sabanas. Ambos estábamos poseídos totalmente por el deseo. Sentí un escalofrío que recorría todo mi cuerpo, un placer indescriptible. Se acercó a mi espalda y me propinó un mordisco y en ese momento me giró y me encontré cara a cara con él. Puso su mano en mi pecho y sentía todo un mar de lava en ese momento. Agarró mi piernas, las elevó un poco y volvió a embestirme. Verle la cara mientras me penetraba era aún mas excitante. Era como si el mismísimo Hercules me follara en esa habitación, era mi dios griego.

Mis gemidos y gritos eran incontrolables, el éxtasis, el mismísimo nirvana venía corriendo hacia mi. No podía frenarlo y en una de sus embestidas mas intensas, mi ser llegó a su clímax y vacié mi excitación mientras ahogaba mis gritos mordiéndole la mano que el había puesto en mi boca.
Era como subir al Olimpo, mi cuerpo era recorrido por una pequeña descarga después de haber eyaculado.

Lo miré en ese instante y el me devolvió una sonrisa. Esa medialuna perfecta volvió a activar mi deseo y mi pasión. Me incorporé y me abalancé sobre él, quería volver a tener esa preciosa lanza en mi boca. Casi como un animal empecé a comerle su perfecto pene. Solo pensaba en él vaciándose en mí, necesitaba que se vaciara en mí. Agarro mi pelo, esta vez incluso mas fuerte que la primera, y en ese preciso instante su precioso pene empezó a llegar a su clímax, al igual que él.

Se vació en mi boca, con un grito que enmudeció el tiempo.

Ambos caímos agotados sin poder movernos. En ese momento los dos abrazamos a Morfeo después de haber llegado juntos al Olimpo.

Desperté al día siguiente antes que él lo hiciera. La culpa empezó a corroerme y decidí irme antes de despertarlo.

Nunca antes me había acostado con otro hombre y mi mente no sabía que hacer, estaba perdida, e hice lo más estúpido y cobarde que he hecho en mi vida. Huir.
Mientras cerraba la portada de su apartamento, intentándome convencer de que hacía lo correcto, dejaba atrás la mejor noche de toda mi vida. No era consciente de cuanto la recordaría y que siempre me iba a arrepentir de haber sido un cobarde.

No era consciente de que nunca olvidaría que por una noche “el Tiempo ardió”.


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